26 de julio: mi cabeza explota, las escamas se me están
cayendo y los ojos dejando brillar. El pescado se está pudriendo.
Tantas veces escuchar a Narda en el Gourmet hablando de cómo
distinguir un pescado fresco de uno que no, que ya me puedo clasificar.
Y este pescado se está pasando… ya nadie lo va querer comprar.
Esperar todos los días al entrar al edificio y cruzármelo, ver
sus luces encendidas, escuchar el mínimo ruido de su hogar, pero nada. Ya no se
si es que no está o que se mudó para no tener que verme más.
Voy a tener que empezar a buscar un mejor postor, bah… un
postor, porque hasta ahora nadie ofrece ni un sope por mi.
Mierda, carajo!
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