13 de julio: llego de trabajar, tomo el ascensor, bajo del
ascensor, miro hacia mi izquierda, hacia su puerta. Por la mirilla distingo que
la luz está encendida. Quedo paralizada frente a su puerta, oigo su televisor encendido.
Respiro hondo y agradezco que esté.
Ahora me pregunto… ¿saldrá esta noche?, ¿invitará a alguien a
su casa?
No sería genial que golpee a mi puerta y me invite un cerveza?
Ouch! imagino demasiado…
Quiero que me invite!!! Aunque con el lookete fin de semana
que ya pegué, me mira y me tira una moneda… la cual recogeré, besaré y conservaré
de por vida.
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