15 de agosto: con los ojos hinchados como sapo, después de una
ardua sesión con Yoldi me dispongo a escribir. Hoy tratamos mis miedos y entre
ellos mi miedo al abandono, a ser dejada.
Tanto le temo a ser dejada que me pongo una coraza ante la más
minima posibilidad y en cuanto alguien me gusta empiezo a pensar que me van a
dejar.
Ahora miro el celular cada 5 segundos a ver si me escribió. Y como
no emite sonido este aparatito mágico, me pregunto si le gustaré, si estará con
otra o si simplemente se aburrió de o mi, o aun peor, se cansó porque soy muy
densa.
Esto es lo que odio de engancharme con alguien, la ansiedad
continua, el empezar a vivir dependiendo del otro. Querer verlo y no poder,
querer escribirle 200 mensajes y reprimirme para no asustarlo.
Me odio, nunca se que hacer para que una relación funcione. Está
ha de ser la razón de porque con 26 años aun no vendí el pescado.
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