2 de agosto: mi futuro esposo sigue sin aparecer. La verdad es que
ya no me preocupa, pero la que se encuentra impaciente por la ausencia es mi
madre. Cada vez que me llama por teléfono me pregunta por él. Creo que ella es
la más interesada en vender este pescadito. El pescado mayor ya lo ubicó (mi
hermis) y al menor le está costando más de lo esperado. Ve que los años se me
pasan y no le presento ningún candidato.
Como ya lo conté con anterioridad, ella fue quien compró este
departamento con las claras intenciones de casarme. Pero al parecer entregar la
dote le está costando más de lo esperado.
En la llamada de hoy, llegó a arriesgar la posibilidad de que a mi
vecino lo secuestraron. Entenderán porque soy tan extremista con todo, al tener
una madre que ante la menor desaparición llama al 911.
Pobre Ele… por más esfuerzo que haga, el pescado sigue solo,
sentado en el living, esperando escuchar el ascensor llegar y la puerta abrir.
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