29 de septiembre: desde hace varias semanas está mi vecino en su
hogar. Pero no logro cruzarlo. Solo llego a escuchar su puerta y al instante el
ascensor, no me da tiempo de salir y cruzármelo de “casualidad”, a lo mejor el también
está pendiente de mis movimientos, solo que con la intención inversa, espere
que yo llegue y el sale.
Anoche lo escuché llegar a su casa tarde, venia con mas gente, pero
no logré distinguir si había alguna voz en femenina en el grupete. Está
teniendo una agitada vida social, tiene bastantes visitas.
Yo soy lo opuesto, hoy no me socialice en todo el día y solo hablé
conversaciones telefónicas con 2 persona, entre ellas mis madre, la cual antes
de preguntarme por como estoy, me dice “¿qué sabes de tu vecino?” Hello Lila!!!
Si tengo novedades de él la voy a escribir en el blog y obviamente tras cruzármelo
te voy a llamar como una boluda real (de realeza porque de carne y huesos ya soy)
para contarte de que con suerte levantó la cabeza y murmuro un tímido “hola” y
luego se escapó a toda velocidad. Me tiene miedo ese cristianito.
La otra persona con la que hablé por celular fue Floflo y una conversación
face to face con el kiosquero. Un ente viviente. Mi única salida fue a sacar el
perro. Es increíble como me puedo aislar.
A lo mejor tendría que sacar un poco mas el pescado, porque dudo
que sin mostrar la mercadería alguien vaya a querer cobrar. Pero no creo estar
en momento de exhibición, mejor quedarme en casa, abrazar a theo y dormir.
Ouch! soy el patetismo personalizado. Hay que empezar a poner en
forma el pescado porque si no se me pasa la fecha limite y el pescado no se vende
más.
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