30 de octubre: el primer chico que me gustó nunca me dio bola.
Durante casi diez años estuve atrás de él. Se imaginan que bajón que era que
nunca me haya tirado una onda. Todas mis amigas se ponían de novia o conseguían
quien las acompañe tras el cumpleaños de 15. Siempre patee sola a mi casa.
Gracias a Dios que el pueblo es chico y una llegaba rápido.
La típica incomible de grupo, siempre planchaba como loca. Saben
lo que era cruzarme a mi “primer amor” en todos los evento y que nunca siquiera
desviara una mirada hacia mi.
Fueron muchos, muchos años atrás de él. Le tiró onda a todo mi
grupo y yo nada, obvio, como siempre el último orejón del tarro. Como antes
relaté mi primer beso me lo dí con alguien que mis amigas “consiguieron”. Cuan patética
puede llegar a ser una que no logra por sus propios medios conseguir un pibe y
tiene que recurrir a la piedad de otros por un poco de afecto.
Por suerte a todo se le puede ver el lado positivo y casi una
decena de años después de que me dejó de gustar este susodicho, ahora agradezco
nunca haber estado con él. Da lastima en la actualidad, está quedando pelado y
se resiste, así que se deja tres pelos largos en la nunca. Un tanto rellenito,
mal vestido, mejor dicho con el gusto combinado con el orto. Es tan genial volvérselo
a cruzar y verlo tan feo que una agradece nunca haber estado con él.
Desde sus inicios el pescado fue duro de vender.
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