12 de agosto: debo tener la peor historia de amor de las historias
amor del mundo. No solo porque nunca empezó a ser una historia de amor, sino
porque para que surja una historia de amor se necesitan dos. En este caso hay
un solo protoganista, yo.
Con el vecino brillando por su ausencia mis ilusiones de
casamiento se fueron al carajo, mierda. Entro, miro hacia su puerta y que veo,
la nada misma, ni un minima luz asomando por su mirilla o por debajo de puerta.
Si es que se fue de vacaciones, han de ser muy largas, y si es que
se mudó nunca vi a nadie llevarse un mueble o una valijita mínimamente.
Un romance que no es, un casamiento que no va a ser, y yo acá sentada esperando escuchar el
ascensor y la llave abrir la puerta. Pero la nada misma.
Hay Jesús! ¿Que será de mi vida, de mis planes de casamiento antes
de los 27?
Así estoy yo, en la incertidumbre total, con 26 años y el pescado
sin vender.
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