26 de octubre: me insisten con que empiece a poner límites, a
decir lo que pienso y quiero. Sabrán los demás que para mi es mucho más fácil
sonreír y asentir que mandar a la mismísima concha de la lora a todos.
Hay quien dice que una vez que probás decir lo que pensas te
sentís tan bien que no parás. Pero que pasa si los demás se enojan conmigo, yo
quiero que me quieran, no que me odien, no quiero alejar la gente.
Como dice un Blogger conocido “tolo lo que hago es para que me
quieran”. Tal vez ese esforzarse demasiado en buscar el visto bueno exterior
hace que me olvide que es lo que yo quiero.
¿cómo hago para vencer este miedo? Estoy tan llena de miedos en
los vínculos interpersonales que no sabría por donde empezar. Como vulgarmente
se dice “me podés cagar desde arriba de un puente” que yo solo me “molesto”, no
me enojo. He aquí una gran diferencia, estar molesta es como que algo te jode
un poco, estar enojado significa que el otro tiene que disculparse y todo el
bla que blum.
Y si hago esto porque en realidad deseo que nadie se enojo conmigo
y actúe de la misma forma que yo. Pero eso nunca va a suceder, la gente se
enoja y mucho, es por eso que prefiero sonreír y pasar por boluda.
No se si esto significará
que no tengo carácter o que simplemente lo reprimo.
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