8 de octubre: este es el tercer fin de semana que no salgo. No lo
puedo creer, es algo tan poco común en mi vida. Me siento rara de no tener
ganas de salir y a la vez preocupada.
Porque el no salir conlleva muchas cosas, me estoy poniendo gorda
como una morsa, el no tener que pensar que ponerme el finde hace que achanche.
Además, si no salís no mostras la mercadería a vender y al parecer
con pasearla por el escueto pasillo que separa mi departamento del vecino no
alcanza o no está dando resultados. No solo porque estoy gorda deforme sino
porque no me lo cruzo. Ese chico me tiene los horarios, porque es imposible que
no me lo cruce y cuando estoy a punto de verlo en el balcón el se esconde.
Definitivamente me tiene miedo o rechazo. No lo entiendo, nunca le hice nada y
ya me odia.
Estando escondida como un hongo bajo la sombra de un pino, no voy
a conseguir un novio. Es la mierda misma. Pasarse un finde largo sola en compañía
de mis perros y sin nadie con quien hacer cucharita, es un bajón fatal.
Cucharita, tenedorcito o cuchillito, cualquier cosa acompañada de
un masculino me hubiese venido de party con tanta lluvia en el exterior. Mi
salida de feriado fue encerrada con una pareja que cada vez que se cruzaban
aprovechaban para besarse. Como vulgarmente se dice, comen delante de lo
pobres. No es que me moleste, es solo que cada vez que miro esas escenas me
pregunto cuando carajo voy a ser la protagonista y dejar de ser la actriz de
reparto. Y no quiero escuchar el tipo de boludeces que todos te dicen para
consolarte “ya te va a llegar”, mas que varices tengo ríos en las piernas de
tanto esperar parada.
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