19 de octubre: mujeres de un lado, hombres del otro. Ellas muy recauchutadas,
mucho maquillaje, remeritas de animal print o brillantosas. Ellos con look
pende viejo. Risotadas a mas no poder, mucho murmullo.
Nosotras sentadas en un mesita del medio escuchando todo y
cabeceando para no perdernos nada. Éramos un mar de señas cada vez que un
grupete nuevo se adentraba en el restaurant.
Todo esto sucedía donde estábamos cenando con Floflo. Nuestros oídos
eran antenas parabólicas intentando captar todo. Las charlas de divorcio eran
algo común. Una señora sentada el la mesa junto a la nuestra, devolvió tres
veces el plato, porque siempre le encontraba un defecto, que estaba crudo, frío
o la mar en coche. Seguramente su plato fue escupido por toda la cocina, con
que necesidad una se vuelve tan rompe bolas. Será que la falta de japi que
vuelve tan histérica a la mujeres, no es que me quiera poner machista, pero la
falta de sexo altera tanto a hombres como a mujeres.
Ellos no se quedan atrás, dios santo, con que necesidad te tenes
que vestir como un pibe de 15 si triplicas su edad. Pantalones holgados, cinto
de tachas y remera con estampa, media cortina, por lo cual dejó su raya
plomerica a la vista de todos… pobre nadie le aviso que ese look se acompaña
con boxers. Era como un Mario Bross del subdesarrollo.
Del otro lado de la vieja rompe bolas con la comida, teníamos el
team de las divorciadas. Desde que llegamos había una señora rubia, flaca y
alta, bastante bien para su edad, cuando la moza le preguntó cuantos iban a ser,
ella respondió cuatro y que esperaría a que lleguen los otros comensales. Una hora
después, la moza se vuelve a acercar y ella le sonríe diciéndole que ya llegarían
pero que mientras tanto le traiga una cerveza de litro. Nosotras comimos,
tomamos una cerveza y ella seguía sola. Mas de treinta minutos mas tarde llegan
sus amigas. Bue… no se que clase de amigas son que la dejan de planton hora y
media el día de su cumpleaños. De eso nos enteramos más tarde.
¿A que viene todo esto? A que ha de ser duro llegar soltero a los
cuarenta y tanto. Cuanto antes me tengo que poner en campaña para vender el
pescado. No quiero llegar a grande sola, quiero cena con esposo, aunque eso
signifique pelearse y gritarse como mis padres, que a pesar de todo se tienen
el uno al otro, aunque sea para putearse.
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