3 de octubre: en este momento agradezco que mi futuro esposo no
esté. Tengo la visita de ele y hermis, hace instantes acaba de suceder una
discusión de lo mas bizarra. Gritos, risas y golpes de escobillon.
Mi familia no tiene ni el mas mínimo problema en discutir a grito
limpio, aunque no fue una pelea, fue algo tan sencillo como que mi hermana me quería
sacar un grano, a lila se le ocurrió que no, que me lo iba a infectar, que iba
a terminar internada, que era una bestialidad. Tan hipocondríaca la pobre. La
situación logré que yo termine llorando de risa en el piso. Tendrían que haber
visto la cara de indignación de mi madre, superlativa.
Imagínense, el es un chico bien, hijo único. Creo que ni la voz le
escuché. Nosotras súper campeches a grito limpio, el conventillo la paloma un poroto.
Esperemos que en verdad no haya estado, porque ya se debe estar imaginando como
va a ser el resto de su vida, compartiendo navidades, años nuevos, pascuas,
cumpleaños y cuanta festividad exista que se comparta en familia. Y seguramente
a mi no me llevaría a las de su familia por medio que termine haciendo un
escándalo.
De lo que no tengo duda, es que así se la pasa mucho mejor. Cuando
aprendes a reírte de todas escenas cotidianas la pasas de party. Siempre pasa
algo, la tranquilidad y la serenidad se desconocen, ni hablar del silencio.
No me imagino lo que sucederá a la inversa, cuando a mi me toque
ir de su lado. Fantaseo con que son todos muy serios y de pocas palabras. Como
máximo dialogo se deben decir “pásame el agua” y el otro responde “gracias”. Y yo acostumbrada al batuque me quedaría
dormida en la mesa, con un hilo de baba deslizándose. Para que luego por detrás
su madre, tías y abuela comenten: “mirá con la negrita que se casó, ella debería
estar sirviéndonos la comida y no compartiendo la mesa”. Si tuviera suegro
estoy segura que le caería bien, pero lamentablemente está lejos, tan lejos que
ni con cohete de nuestro ex presidente, al cual no se lo puede nombrar, ese que
nos iba a llevar a la estratosfera y mas allá. El papá de él murió. Ouch! A veces
tengo un toque de humor negro.
Ya estoy vislumbrando este vulgar pescadito de río compartiendo
mesa con langostas.
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